Hace 130 millones de años, en Teruel, un pequeño dinosaurio bípedo batía récords de velocidad para escapar de

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sus depredadores. Era un animal que medía 1 metro de largo y que poseía unas alargadas pantorrillas que le hacían muy difícil de atrapar. Un equipo de paleontólogos, liderado por José Ignacio Ruiz-Omeñaca, acaba de publicar en Comptes Rendus Palevol, el estudio de esta nueva especie y género de dinosaurio, que vivía en las vegas de los ríos de lo que hoy es Galve (Teruel).

Los autores lo han bautizado como Gideonmantellia amosanjuanae y los fósiles de los que parten son de un individuo juvenil. Según Ruiz-Omeñaca, el animal mediría quizas hasta 2 metros de largo y pesaría 20 kilos en edad adulta.

Los investigadores no conocen por qué este dinosaurio murió joven, ya que no hay marcas de que se lo comieran ni tampoco hay rastros de patologías óseas.

Al giodonmantellia le pudieron acechar varias especies de dinosaurios carnívoros parecidos a el allosaurus, el baryonyx o el velociraptor. Y él encontraría fácilmente alimento en las zonas cercanas a los ríos.

Los restos del nuevo dinosaurio aparecieron en Poyales, una zona de Galve rica en arcillas en la que se conservaron los fósiles. El hallazgo lo hizo en 1982 el paleontólogo aficionado José María Herrero, que también detectó el primer dinosaurio descrito en España, el Aragosaurus.

Los restos del Gideonmantellia incluían varias vértebras, fragmentos de la cadera y una de las largas tibias (12,8 centímetros) que le permitían correr a gran velocidad. Ruiz-Omeñaca declara que si Herrero no los hubiera encontrado tal vez estarían destrozados, ya que el yacimiento de Poyales está hoy “desmantelado” por una extracción minera de arcillas.

Desde que fue descubierto, el dinosaurio-gacela no ha hecho más que cambiar de nombre. En 1984 lo determinaron como valdosaurus por sus fémures, y en 1987 como hypsilophodon por el estudio del ilion (un hueso de la cadera) y el fémur izquierdos, ambos incompletos.

En los 90, expertos del Grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza terminaron de reconstruir los huesos del animal. Sus formas indicaban que no podía adscribirse a ninguna de las especies mencionadas. El equipo le dio su nuevo nombre tras analizar el esqueleto reconstruido y ahora la publicación en una revista científica les aporta un triunfo, ya que, por primera vez, la clasificación del animal es “válida”, según comenta Ruiz-Omeñaca.

Pero no todos los expertos en los dinosaurios de Teruel están de acuerdo. “El precioso material de hipsilofodóntido ahora descrito con el nombre de Gideonmantellia pertenece a un individuo inmaduro, por lo que habrá que ratificar en el futuro ciertos aspectos de su anatomía”, apunta Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.

Ruiz-Omeñaca nos ha comentado que el nombre genérico hace homenaje a Gideon Mantell, naturalista inglés que fue el primero en describir y figurar un fósil de "hipsilofodóntido" en 1849. Y el nombre de la especie honra a la paleontóloga María Olga Amo Sanjuán, que realizaba en la Universidad de Zaragoza su tesis doctoral sobre los huevos fósiles de dinosaurios y otros reptiles del Cretácico Inferior de Galve y falleció prematuramente en octubre de 2002.

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